Relatos cortos...

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Relatos cortos

lunes, 26 de agosto de 2013





La vida me enseño…

Que no es oro todo lo que reluce.
Que el que siembra,  recoge.
Que la llave de las puertas,  está en la humildad.
Que el camino,  se hace andando.
Que el  que guarda,  tiene.
Que el que sueña,  vive con ilusión.
Que lo que no consigue uno mismo con su esfuerzo,  no vale nada.
Que el orgullo no sirve más que para destruir a las personas y llegar a la soledad.
Que el amor es igual a la vida. No se recibe,  se da y regresa a uno, sin más.
Que la soledad no existe,  si uno está bien consigo mismo.
Que la esperanza,  es la semilla de la fe.
Que nadie es más que nadie,  estamos de paso.
Que el dinero es una herramienta, la cual utilizo yo, nunca al revés.
Que la vida la entiendo de una manera, se fiel a ti mismo y serás fiel a los demás.
Que la honradez tiene nombre, y se llama dignidad.
Una sonrisa a la vida,  es la moneda que vale.


Elena Peyrolón Moneva.

miércoles, 26 de junio de 2013





Insignificantes somos

El caos aparece cuando menos te lo esperas. Repleto de tornados, huracanes,  y tormentas que nos manejan como trapos.
Amanece un día triste, desaparecen objetos, animales y personas.
Las almas de los que existieron clamaron al cielo.
Relámpagos de inquietante tormenta eléctrica  paralizan e inquietan, turban los sueños.
Con furia pasa el tornado engulléndolo todo, destroza,  de molé, por doquier a su paso, sin dejar rastro de lo que fue o existió.
Descargas eléctricas resuenan con eco,   golpeando, cual brazo de fuego, incendiándolo  todo que ve, todo que toca.
Un día de penumbra tristeza, dolor y furia… ¡no somos nada!, insignificantes, pequeños ante la adversidad.


ELENA PEYROLÓN MONEVA



Con cariño para un compañero que dejo alegría en Intervencionismo a su paso por nuestro trabajo.


Un abrazo Eduardo 

miércoles, 13 de febrero de 2013


Sabrás que te siento

Mil veces a mi lado…
Te Siento…
Sencillamente en un suspiro del viento…
Nubes de terciopelo,  que acarician mis sentidos muy, muy dentro.
Que atraviesa  ventanas  y  muros,  hasta llegar a mis  sentidos más profundos.
 
Sabrás que te siento…
En la mudez de este Amor reposado, colmado de fogosos alientos…
Te siento y anhelo…

Cuando la noche callada,  susurra tu nombre en mi pensamiento…
Y clama tu recuerdo de tus besos… 
Amormío te siento muy,  muy dentro…
¡No me despiertes todavía, que sollozo tus besos,  tu aliento!

Despiértame amormío,  de este dulce sueño y dame el beso que anhelo.
¡Despiértame amormío,  pues me inspiran tus besos...
Tu aliento!.

Elena Peyrolón M.

domingo, 9 de diciembre de 2012


Últimos pensamientos y voluntades de mi padre

Postrado en una cama de observación,  de urgencias del Servet.
Su mano demandaba la mía,  aferrándose a ella. Su mirada buscaba mis ojos,  pidiéndome que le diera vida.
Esta vez no podía engañarle, él ya lo sabía. Qué dependía de unas horas,  pues se le escapaba la vida. Agonizaba y con él,  ¡mi corazón se rasgaba!, me atormentaba su desesperación por la vida. ¡Y yo,  sin poder hacer nada,  padecía de impotencia y desolada!
Su mirada buscaba la mía,  y a gritos de agonizante quietud, me pedía que lo agarrase  fuerte,  que se perdía.
Mascullaba unas palabras entrecortadas de lamento por la agonía…
-No me dejes hija mía, te quiero, perdonarme por todo.
Mi cuerpo temblaba en los últimos pensamientos de mi padre.
-No, padre,  ponte bueno ¡te necesito porque te quiero!
Bese sus manos y sus mejillas. Un sudor frio inundaba su cuerpo.
El oxigeno era nulo,  ya no tenia fuerzas,   ni  podía inhalarlo.
-La enfermera me pidió que saliera un momento para cambiarle la cama.
Son las 7,48  del ocho de diciembre,   y sale una enfermera a mi lado,  ¡tranquila!,  el doctor esta con tú padre, luego pasas ¿Vale?   
-¿Qué ocurre, esta bien mi padre?
-Pase, que le explica el doctor…
-Su padre  ha fallecido,  ya descansa, el cáncer  se ha llevado su vida.



A mí querido padre,  con todo mi cariño de tú hija Elena.
Siempre estarás en mis pensamientos y en mi corazón.
Te quiero padre.

El cáncer se llevó su vida y ahora descansa en paz. Dios lo guarde en su seno por siempre.   

Domingo ,09 de diciembre del 2012

martes, 27 de noviembre de 2012



La rosa del desierto
Iluminada con cálidos destellos, alquimia en la  alborada. Reflejos de quietud en sus ojos desvelan  juventud  indomable. Velos  de tenues  coloridos,  danzan al compás del cuerpo desnudo que refugian.  
Como la danza de las abejas sobre las flores,  con urdimbre para colectar la dulce miel del néctar de las flores.
Ella  baila la danza de los siete velos,  para conquistar la luz, la  poesía.
Nunca fue nombrada, nunca admirada, hoy duerme y descansa ¡en forma de rosa de piedra!, es por lo que la llamaban “Rosa del desierto o Isis”
¡Hay flores que nacen en las arenas del desierto,  sin ser admiradas,  ni mencionadas! Como el caso de la rosa del desierto. Constituida de un  conjunto de formas lenticulares entrecruzadas, que muchas veces asemejan a una rosa, en este caso pétrea y de tacto áspero. Pero no por ello deja de ser…

¡La admirable rosa la del desierto!

Elena Peyrolón M.

domingo, 16 de septiembre de 2012



Resplandor en las rocas

El Tintinear del goteo en las rocas,  destilando entre ellas para abrazar de nuevo el mar.
Enmudece la sirenita,  quedándose  agasajada y atrapada del melodioso sonar.
En el cabello  trazos de hilos invisibles inmovilizan  caracolas nacaradas,  y los rayos de luz le hacen brillar.
Ella, observa las olas como se despojan en las rocas y cristalinas salpicaduras resuenan en la mar.
Canticos,  dicen los marineros errantes,  se escuchan en alta mar, son de sirenitas los canticos, las que oyen el romper de las olas al atardecer  y amanecer en la mar.
¡Del mar viene el hombre y al mar volverá!, pescadores de peces, los delfines les siguen  y las sirenas los protegerán, allá donde vayan…
 ¡Allá en alta mar!


16 de septiembre de 2012
Elena Peyrolón Moneva

jueves, 16 de agosto de 2012




LA CASITA DE MI MADRE,  ENTRE PINOS

Las vacaciones se conforman de manera sublime en mí.
Cuando me levante salí al jardín,  para ver corretear a la ardilla, la qué baja de los pinos a la tierra cuando no estamos.
Cual fue mi asombro, ¡hace un día gris! y entre nubes  de suaves sonrojos violetas, anaranjadas acuarelas,  chispean reflejos de sol;  entre ellas, vaporoso se levanta un arcoíris.
Llovió esta noche pasada, lo percibo igual que como de niña.
    -¡Me encanta el olor a tierra mojada!

Me llama mi hermana, para desayunar.
La mesa esta preparada, pero la tostadora del pan nos ha quemado las rebanadas, ¡qué maquina esta!

  - Me pondré un vestido, el azul y amarillo.

Dije a mi familia mientras me untaba la tostada de mantequilla y mermelada.

        -¡Vaya estropicio! …

Se me ha derramo toda la leche por el mantel mientras hablaba.
      
     -Nada, ¡lo limpiara la lavadora!

Musito mi madre y mi hermana una sonrisa.

Elena Peyrolón Moneva